Córdoba-Miraflores-Barcelona. Un viaje poético y generoso de Ana Patricia Moya, Jorge García Torrego y Beatriz Pérez Sánchez.

viernes, junio 16, 2017

¿Qué entendemos por poeta? Si nos remitimos al puro acto de escribir, entonces, somos egoístas y no poetas. Las lecturas nos acompañan, igual que las palabras juegan y vuelan por nuestra cabeza. Sin embargo, hay otro tipo de actitud que puede pasar desapercibida y es el verdadero espíritu de la poesía.

Compartir, respirar conjuntamente, leerse, reseñar, comentar, intercambiar, conocernos, revisarnos los textos, crear lazos y extendernos. Y desde este pensamiento surgen los textos que os presentamos. Ana Patricia Moya, Jorge García Torrego y Beatriz Pérez Sánchez se unen en este viaje entre Córdoba, Miraflores de la Sierra y Barcelona con esa mirada hacia la poesía.



Córdoba-Miraflores-Barcelona. Un viaje poético y generoso de Ana Patricia Moya, Jorge García Torrego y Beatriz Pérez Sánchez.



[Des]orientación

Acudir, trimestralmente, a la oficina
de los pastores ciegos; esperar, con paciencia,
a que tu nombre y apellidos aparezcan
en la pantalla; caminar hacia las mesas
y tolerar el silencio, la ignorancia, el desprecio
                              -escudriñan la desesperación
                                en tus ojos de borrego-;
pretenden guiar a este ganado que entra y sale
-no hay prestaciones, no hay ofertas de empleo, ni cursos-
y son inmunes a los dramas de los próximos turnos,

a la desilusión pintada en los rostros,

somos ovejas sumisas que se marean inútilmente
en este redil claustrofóbico

somos los que estamos condenados al hogar-matadero
-apreciar como los días desquebrajan las paredes
hasta que su peso nos aplasta-

los que no regresan con esperanzas en el bolsillo.

INSUMISIÓN

Estoy harta
de la ansiedad y de las infusiones
calientes para aplacarla
de la lentitud del calendario
de buscar empleo o algún curso
para adornar el currículum
de las tareas domésticas con aroma a amoniaco,
de los que fingen ser poetas
de los que regresan con la excusa
de “tú eres mi mejor error”,

por eso, firmo esta tregua
para ocupar un puesto en el bando
de los ignorantes durante un tiempo
y disfrutar de la tranquilidad que supone
no ser una misma.

Poema número trece

Odio dedicar poemas. Me da mala suerte:
poema que dedico, ruptura [peliculera] anunciada.
Sí. Soy un poco supersticiosa, aunque me encantan
los gatos negros y tampoco me santiguo por un salero
derramado o un espejo roto. Pero sí, confieso
que me desagrada escribir poemas para alguien
y más si esa persona me aborda con halagos y tópicos
-“¡Increíble, no sabía que eras poeta, qué curioso!”;
“¿En serio? Pues no lo aparentas”: ya veis, como si serlo
fuera lo más extraordinario del mundo -; y peor
si no es nadie especial, que sabes que imprimirá
huellas borrosas en tu corazón, sí, de esos que aparecen
de repente en tu vida e intuyes que pronto se marcharán;
el asunto se complica si es el clásico romántico o cursi
-parecen estar todos fabricados con el mismo molde defectuoso-,
amén de sordos, que insisten e insisten para que les escribas algo,
lo que sea: creen que los poetas somos seres bendecidos
y porque ser retratado en un poema es un [raro] honor
-“¡Mirad la página de este libro, esta poesía me la dedicó
una gilipollas a la que me tiré hace tiempo!”-.

Y ahora, tú me intentas convencer para que plasme
nuestras miserias [pseudo]amorosas en unas palabras
que, por desgracia, no pasarán a la posteridad
-no soy nadie, creedme: me apoyo en mi propio bastón-,
y como me tienes hasta los mismísimos ovarios,
ofrezco este trofeo de [tramposos] versos

y admito, con malicia, que no los dedico precisamente
                                                                                      / para complacerte.


Lo que nace muerto

Dime qué futuro nos espera mientras te fracturas
la salud con unas eternas oposiciones y yo, agotada
toda posibilidad de atarme al empleo precario
deposito mi fe en la lotería

que sólo podemos follar sin deseo
y mudar la piel, en soledad, cada madrugada,

dime qué sentido tiene luchar por el porvenir
si esto que sentimos y que no nos atrevemos a nombrar
no alimentarán el estómago

                           ni la esperanza.


Ana Patricia Moya



silueta de tiempo

Santiago de Chile donde se hunde un tiempo de transatlánticos y aviones. Desde aquí no veo la orilla del recuerdo, mis amigos de entonces se agarran al ruido en la noche que fuimos pero el ruido no deja de correr y los cigarros y los vasos de vino no encuentran huellas dactilares que los sujeten. 

Todo lo derramado permanece bajo tierra. 

Lo vivido dormido en la columna tan mía como guaridas de niños entre colchones. Mi voz escuchando al futuro y no entendiendo este idioma que ahora escribo. 

Soy menos presente y la ceniza nos alcanza a todos. Chile es un niño con nueve años de silencio. Aquellas noches descubrí animales extinguidos hoy por el olvido.


amar la caída sagrada 

El bache en el camino que nos rompe la costra del ojo para vernos. Necesaria la velocidad, el desequilibrio y amar la mentira de los mapas. Se me acaba el contrato y empieza todo lo demás. Amar puñados de letras vomitadas en el último momento y leídas frente a gente desconocida que bebe café en el vértice de la mañana.

Amar la mugre que se acumula en las máquinas grasientas de la memoria y que rescato a media noche.

Soy un yonki de mi esqueleto, armazón líquido de salivas viejas por el túnel de las quemaduras. Allí donde escribí mi nombre con las letras que ellas me decían. Baile eléctrico que desajusta el acero de mi cerebro, fundido por las grapas de la responsabilidad, de la vergüenza, y afilarme en el ángulo de los acantilados.

Un día.

Un día antiguo y presente dormí en un autobús sagrado que me bajó a las cuevas de la tierra donde me quedé desnudo. Viajando volví a la casa. A los pedazos de mí que encontré en los abrazos de los otros. Quien dice Chile dice Miraflores o dice sábanas baratas.

Abandono.

Soy el quiebro que me salve la vida. Es tarde ya y pronto para empezar la fiesta. Ya hay muchos como yo en el mundo y yo me espero a mí mismo allí donde fui feliz.

Me agarro a la sombra que los hermosos van dejando por el camino que dejan detrás. Seré uno de ellos. Miembro de tendones poderosos y misteriosos del grupo de los viajantes. Me pongo firme, se secó el río de mi yo admirable y formal y trabajador. Siempre seco el cauce responsable encima de la mesilla de mi madre.

Donde yo soy no hay nómina. Donde yo soy el invierno de Madrid llega y se da la vuelta. Hay un viaje que me da vueltas en la tripa, lavadora oráculo de futuros. Nunca tan feliz como entonces. Allí fuera, el tiempo invisible corre paralelo a mi tiempo. Tengo prisa y voy bufando a recuperar el tiempo que no fui.

Veo documentales de la 2 para llenar mi currículum, preparando mi salto en paracaídas,
quiero llenar todos los caminos, no repetir ninguna huella, quiero ser el cartero que me reparta las cartas que escribí en aquellos momentos felices donde mi hambre no terminaba.

Jorge García Torrego



Destierro

Miras un cielo como cada turbulencia.
No, no has nacido millonaria.
¿Te lo dices? ¿A quién se lo cuentas?
Mientras los profetas diseñan páginas
que prometerán futuros de basura:
la sinsustancia:
¿Para qué tanto color?
¿Para qué tanta falacia?
Con perfección saben
que respirar idiomas distintos es impensable.

Cerca

Miras abajo.
El baúl contiene un breve indigente
que fue desterrado por la fuerza a la orilla.
Duerme en lechos de cristal
y su suelo cae,
dibuja una nube
quizá un concierto de avatares.

Y miras al frente.
Tus amigas lloran,
siempre solas
gritan lo contrario
se mienten
sus voces apartan la luz.

¿Para qué tanto color?
¿Para qué tanta falacia?

Inhala tu visión ante el destierro,
volaremos los colores
y cerca será nuestro margen para respirar.


Agresividad inaudita, amor

Puede que para ti sea fugaz
que tu cárcel sea una pluma
y que tus elementos emanen polvo.
Dame dos segundos de pensamiento.
Uno, tres o cuatro.
Da igual la cantidad de tiempo.
Un golpe,
simbólico,
tal vez dinamita.

Ceguera
Pobreza mental

Tu cárcel de pluma te ha condenado.
Y para siempre, para siempre.


Amor en palabras blancas

“Son palabras blancas,  dijo Susan, como los cantos rodados que se encuentran en la playa…”
Virginia Woolf, Las Olas.

Me he puesto a correr con la taza de los límites extraviados rodando por la escalera.  Porcelana azul descolgándose entre la luz de los peldaños.

Las palabras blancas han surgido después.

He tirado de un hilo y la basura estaba repleta.  Corrí a la calle para que tu olor se pudriera para siempre en un contenedor de verduras de supermercado barato.  

Malabarista de balones que se alzan y regresan a mis manos.  He chutado fantaseando ser un futbolista.  Me puse el hábito de un misionero y robé un traje chaqueta rayado. Masculinidad fraudulenta con garras de pintura de un rosa esclarecido.  

Las palabras blancas parecía que se unían en la Revolución.  

La fealdad puede dañar tanto como la belleza extrema.  Los cuadros de tu camisa se agrandan en lo horrible de la arruga mal planchada de tus mangas.

Emboscada en la que vuelvo a arrojar balones.  Ahora están lejos.  Necesitaba verlos desaparecer en el infinito.  Antes de irme, he esperado a que nadie más los atrapara.  

Palabras blancas surgieron rodando del suelo.  

Extremo delicioso su existencia.

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Ana Patricia Moya
Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba (España). Ha trabajado como arqueóloga, documentalista, bibliotecaria, correctora ortotipográfica, diseñadora gráfica, etc. Directora del proyecto Editorial Groenlandia. Ha publicado los poemarios Bocaditos de Realidad (Groenlandia Editorial, 2008, reedición del 2012), Material de Desecho \ Mierda en el corazón (Ediciones En Huida, 2013) y Píldoras de papel (edición española, Huerga & Fierro Editores, 2016; edición chilena, Cinosargo Editorial, en prensa); también ha publicado el libro de relatos Cuentos de la carne (Groenlandia Editorial, 2009). Sus poemas y relatos han aparecido en distintas publicaciones, digitales e impresas, de Europa e Hispanoamérica. Aparece en distintas antologías literarias (“Nocturnos: antología de poetas y sus noches”, Editorial Origami, 2010; “Poetrastros: por favor, tratad con cariño”, LVR Ediciones, 2011, “Heterogéneos: poemario colectivo”, Editorial Escalera, 2011; “La vida por delante: antología de jóvenes poetas andaluces”, Ediciones En Huida, 2012; “En legítima defensa: poetas en tiempos de crisis”, Editorial Bartebly, 2014; “Generación 2001: 26 poetas españolas (sin peaje)”, La Manzana Poética, 2014; “Koiné: antología poética española de autores emergentes”, 2014; “Veinte con veinte: diálogos con poetas españolas actuales”, Huerga & Fierro Editorial, 2016, etc). Ha obtenido algunas menciones por sus textos (accésit del III Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba, 2008; finalista del I Premio Andrés Salom, categoría poesía, 2011; finalista del I Certamen de poesía y microrrelato Dínamo Literaria, 2015; segundo premio (ex aequo) de poesía del II Certamen “Por amor al arte” de Revista Litteratura, 2015; finalista del III premio Francisco Gijón de microrrelatos de historia, 2015; finalista del premio Internacional de Poesía ELLAS, 2016; finalista del MálagaCrea, modalidad poesía, 2016; finalista del VII Concurso de Microrrelatos Canyada D´Art, 2016; etc). Ha sido traducida parcialmente a seis idiomas.


Jorge García Torrego 
Nací en septiembre de 1986 y he vivido la mayoría de mi vida entre Miraflores de la Sierra y Torrelaguna, dos pueblos ubicados al norte de Madrid. Soy Licenciado en periodismo por la universidad San Pablo CEU de Madrid y la Universidad del Desarrollo de Santiago de Chile y tengo un máster en Investigación y formación en literatura y teatro en el contexto europeo por la UNED.
En el colegio aprendí a juntar palabras y la poesía a llenarlas de gente. Llevo veintinueve años buscando en qué hogar terminan todos mis caminos. Mi anterior libro, Ojo y ventana (2014), es un mapa del tesoro y no un libro de poemas. Uso el trabajo para sobrevivir, la poesía para vivir. Soy el minero que desaparece en el abecedario y vuelve manchado de lágrimas. De tanto escribirme en la mano se me ha metido la tinta dentro. 

Beatriz Pérez Sánchez (Barcelona, 1974). Crea y participa en muestras y festivales con artistas, performers y bailarines  diversos explorando las relaciones entre la palabra, la improvisación y el movimiento. Licenciada en Pedagogía y Diplomada en Educación Social por la Universidad de Barcelona. Formada en técnicas de expresión y movimiento ha compuesto las creaciones en solitario La vida de Diana (2003), Imagen y cuerpo en la ciudad (2008) y conjuntamente con Romain Chat De perfiles y Numb (2016) y Taxidermia (2017) con Aarón Comino.  Ha sido miembro del grupo poético Laie de Barcelona. Ha publicado los poemarios De perfiles, vértices, planetas, cuerpos, árboles y escenarios y Numb, la espera sostenida (2016). Colaboradora de las revistas Poesía Digital, La Nausea2000, Letralia, Groenlandia, Triadae Magazine y Revista de Educación Social (RES), entre otras.

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